El enfermero Noel.

  Hace unos días, cerca de casa, fui testigo presencial de un acontecimiento que hizo crecer mucho más, mi admiración por el ser humano, sobre todo, por el buen ser humano que muchas personas llevamos dentro y que nos permite actuar sin vacilar en un momento determinado.

Por: Javier Rosale, desde Cuba.

  Aproximadamente a las cinco de la mañana del viernes 23 de Marzo, escuché que algo fuera de lo común ocurría en la vivienda de un buen amigo contigua a la mía. Acudí a las súplicas angustiosas de éste cuando fue llamado por su madre debido a una falta de aire que la señora ya presentaba, según me dijo más tarde su hijo, desde las tres de la madrugada más o menos.

  Sin pensarlo dos veces toqué en la puerta de la casa de enfrente donde reside Noel, un enfermero muy competente y que goza de la admiración de todos los que allí vivimos. Le puse en conocimiento de lo que ocurría y con una habilidad y rapidez asombrosas, cayó en casa de mi amigo con una bolsa de suero, una jeringuilla y apenas una Furosemida como medicamento.

  La madre de mi amigo solo atinaba a decir, dentro de la angustia enorme que reflejaba su rostro, que se ahogaba terriblemente y que no resistiría la llegada de la ambulancia, que ya había sido llamada por el prestigioso enfermero. Cuando alguien pensó que la ambulancia demoraría, no había terminado de hacerlo cuando se sintió, a pocos metros de la casa, la alarma del vehículo que venía en socorro.

  Ya Noel, el técnico de salud, le había inyectado a Miriam, que así se llama la mamá de mi amigo, el medicamento que poseía y aunque continuaba la dificultad en su respiración, el enfermero tranqulizaba a los presentes afirmando que existía una ligera mejoría.

  Todos ayudamos en el traslado de Miriam a la ambulancia y yo acompañé a Juan, mi amigo, en la ambulancia hacia la policlínica de la ciudad, porque estamos hablando de una distancia de más de cinco kilómetros entre la capital de la provincia y el lugar donde residimos.

  Ya en la policlínica la asistencia médica, eficiente como ocurre en el sistema de salud cubano, controló la situación y la angustia de Miriam, que, asustada todavía, pedía que le retirasen la careta de oxígeno pues le daba la impresión de que le faltaba más el aire. De ahí fue trasladada al Hospital Provincial y Miriam se mantuvo ingresada durante seis días en dicha institución.

  De más está decir que nunca abandoné a mi amigo en los cuidados de su madre por aquellos días, y con orgullo de haber crecido donde nací, comprobé el desmedido amor que médicos y enfermeras derrochan en sus pacientes para que, lejos de casa y de los suyos, sientan a estas personas como de la propia familia.

  El enfermero Noel fue protagonista esencial, con su gesto, de que Miriam ya esté de vuelta a casa, sana y salva, pero más aún, de que haya podido llegar con vida a la policlínica de la ciudad. Me pregunté entonces: ¿habría respondido igual a la angustiosa súplica, cualquier vecino en otro país del mundo, por muy desarrollado que fuera?. ¿Tendrán todos dentro, el mismo ser humano que necesitamos para ser mejores personas?. Oro con todas mis fuerzas para que así sea.

jr/MH,30-03-2018,Cuba.